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Consecuencias
 
Noviembre 2008 | #2 | Índice
 
El psicoanálisis es una Práctica
Oscar Zack
 

Las demandas actuales que se producen al analista respecto al alivio de diversas vertientes del malestar en la cultura reciben adecuada respuesta al sujeto, en el marco de una actividad de eminente invento y no de descubrimiento. Es decir que el analista produce condiciones para un "actor activo", en la producción práctica de salidas al malestar, arreglándoselas con la lógica de tendencias de una relación proveedor-cliente. En esta línea se provee un claro aporte ante síntomas clásicos y contemporáneos, en el marco de afinados dispositivos de formación, fuera del yoico y aparticularizado cientificismo actual.

 
"No hay normas. Todos los hombres son excepciones
a una regla que no existe"
Fernando Pessoa
 

Hacer comparecer y poner a la reflexión y al debate con psicoanalistas y con representantes articulados a otros discursos el sintagma psicoanálisis y ciencia es un intento de hacer retornar, a la luz de la modernidad, una polémica que comienza con el advenimiento del discurso analítico en el campo de la cultura y de los efectos de este en la subjetividad moderna.

Si nos remitimos brevemente a los orígenes del psicoanálisis, no hay que olvidar la aspiración freudiana de inscribirlo en el conjunto de las ciencias, de ubicarlo conforme a las formas del discurso de la ciencia, signada en ese tiempo por un profundo espíritu positivista.

Oscar ZackAsí, su expectativa era que las ciencias biológicas, en particular la neurología, proveyera de los argumentos consistentes que hicieran del psicoanálisis una teoría y una práctica confiable. De tal forma podría ser admitida como ciencia y constituirse en un interlocutor cuya legalidad estaría fuera de discusión.

Pero, rápidamente, Freud se encontró con el obstáculo con el que se encuentra todo psicoanalista: que el real con que se topa nuestra práctica es un real que se resiste a adecuarse a un sistema homogéneo y universalizante.

Cabe señalar que la aspiración de anudar el psicoanálisis y la ciencia no fue ajena a Lacan, sobre todo al Lacan estructuralista, si bien sus referencias se apoyan en otros discursos que alimentan al discurso analítico.

Así, la topología, la lingüística, la antropología, y fundamentalmente la lógica son, entre otras, las referencias en que se intenta sostener dicho anudamiento.

No está de más recordar que, a diferencia de otras corrientes del pensamiento analítico, el esfuerzo de Lacan y de algunos de sus discípulos y alumnos fue intentar encontrar la manera de hacer del psicoanálisis una experiencia que salga de lo inefable y que encuentre –vía el matema- la manera de lograr una transmisión del psicoanálisis lo más integral posible, es decir, con la menor fuga de sentido.

Ahora bien, no hay que olvidar que el psicoanálisis es un hijo del surgimiento del pensamiento científico en el campo de la cultura, fundamentalmente del pensamiento de Descartes. El cógito cartesiano se constituyó en el punto arquimédico que fue abriendo el camino para que el desarrollo del conocimiento científico pueda advenir y atravesar los límites a los que lo encorsetaba el pensamiento religioso.

El "pienso, luego existo" es el fundamento en el que se apoyaron y generaron las condiciones que hicieron posibles el desarrollo del pensamiento científico.

Es sabido que la ciencia se constituye como un corpus doctrinario que se estructura alrededor de un discurso que hace gala de rechazar cualquier subjetividad.

El ideal de la ciencia es lograr un saber objetivo, cuantificable, cifrable, que rechace toda variable subjetiva.

Esta característica le permite a Lacan afirmar que la ciencia, en su necesidad de encontrar la certeza, forcluye al sujeto.

Es más, afirma que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto forcluido por la ciencia.

En esta perspectiva se inscribe la sutileza de Lacan al distinguir dos reales, a saber: hay un real para la ciencia y otro real para el psicoanálisis, que no es otro que el real del inconsciente.

La ciencia supone, constata y verifica que hay saber en lo real, pudiéndose comprobar que en ella lo real no miente [1]. Así la ciencia posee la aptitud de poder prever y transformar este real.

Cuando se trata de saber en lo real puede hablarse de descubrimiento, mientras que al saber en juego en el psicoanálisis corresponde aplicarle el verbo inventar [2]

Ahora bien, cabe la pregunta: ¿Qué efectos produce, hoy, el discurso de la ciencia en el hombre, en el ser hablante? O quizás, para ser más precisos, habría que preguntarse cuáles son los efectos que bajo el supuesto ropaje de la ciencia se esconden las técnicas de manipulación de los sujetos constituyéndose así pseudo-ciencias.

Es factible constatar, a partir de la profusa información que se despliega en todos los medios de comunicación, cómo en la actualidad el discurso de la ciencia, de las pseudo-ciencias hay que decir, intenta erigirse en el sujeto supuesto saber de la modernidad, intenta erigirse en un nuevo amo contemporáneo.

Se ha constituido, en esta perspectiva, a las neurociencias en un nuevo paradigma, de tal forma que se arrogan el derecho de tratar de explicar, dar los fundamentos, de todo comportamiento humano a partir de las variaciones en los neurotransmisores.

De esta forma se sostiene que todo comportamiento que se aparta de la norma –de la norma del amo, hay que aclarar- se constituye en la expresión de un pathos que deberá encontrar su solución con el uso del fármaco correspondiente, del antidepresivo de última generación. Es el dislate de la época que ubica al cientificismo en el cenit de la civilización.

Bajo esta perspectiva es factible encontrar en publicaciones que divulgan estos "descubrimientos", la novedad de que actualmente hasta el amor puede ser cuantificable.

Hay una antropóloga norteamericana, Helen Fisher, que comulga con las ideas del cognitivismo, y que se ha dedicado a investigar sobre las causas químicas del amor romántico. Ella sostiene que "el amor esta asociado con la presencia de dopamina" y que "en la atracción por el ser amado intervienen tres neurotransmisores cerebrales: la dopamina (que también produce taquicardia e hipertensión), la noradrenalina (produce los impulsos y la motivación) y la serotonina (un inhibidor que reduce su presencia en estados pasionales). Fisher llega a estas conclusiones luego de una investigación que consistió en escanear el cerebro de 34 personas mientras miraban la foto de un ser por el cual sentían cierta atracción física. Mientras lo hacían, las imágenes de estos cerebros mostraron elevados niveles de dopamina o noradrenalina, o de ambos, tanto como una disminución en los niveles de la serotonina.

Entonces ¿cuál es la primera conclusión? : estar enamorado es tener bajo el nivel de serotonina. Si alguien es propenso a los enamoramientos pasionales sin duda tiene problemas con la falta de dopamina.

El amor deja de ser entonces una pasión humana que responde a variables subjetivas.

Queda claro por qué no hay que confundir a la ciencia con lo que sostienen las falsas ciencias.

Se puede captar cómo las neurociencias y sus socios cognitivistas se constituyen en una perspectiva ideológica, en una creencia que intenta sostener que el hombre es equiparable, no solo a las ratas que se usan para la experimentación, sino también a las máquinas en su forma de tramitar los estímulos a los que se encuentra sometido.

Esta orientación no solo posee una concepción ingenua del lenguaje, sino que es una concepción del hombre que entroniza al yo como el sujeto supuesto saber y en ese mismo movimiento intenta desconocer al inconsciente, por cuyo efecto intenta confundir y / o reemplazar al cuerpo por el organismo como así también sustituir lo singular por lo universal.

Qué lejos ha quedado el aforismo de Galileo que para darle el justo lugar a la ciencia supo decir que: "La naturaleza está escrita en lengua matemática".

Frente al avance en el tejido social de la ideología que profesa el fanatismo cuasi delirante por la cifra, por la evaluación, los psicoanalistas estamos concernidos como practicantes en el campo de la salud mental como así también en nuestra condición de ciudadanos.

Cada época se articula, es deudora de las mutaciones que se producen en los discursos, y cada discurso promueve una política para tratar lo real.

Ahora bien, cabe la pregunta: ¿a qué se debe que los psicoanalistas, por lo menos los que nos orientamos con la enseñanza de Lacan, nos encontremos en una polémica permanente con lo que llamamos falsas ciencias?

Si bien las respuestas pueden ser múltiples hay una que es, sin duda, fundamental, y que no es otra que la de sostener que lo inaceptable, para nosotros, es considerar que el sujeto pueda ser cifrado, evaluado, comparado, incorporado al conjunto del todos iguales. Aceptar esa orientación es renunciar a considerar lo incomparable de cada sujeto. Aquella concepción nos alejaría definitivamente del psicoanálisis pero no por eso nos acercaría a la ciencia: solo nos subsumiría en el terreno de la falsa ciencia.

Es desde esta perspectiva que se pueden captar algunas de las razones que ubican al discurso analítico en las antípodas del discurso del amo, se vista con el ropaje que se vista.

Lo que oferta el psicoanálisis, entre otras cosas, es el respeto por la singularidad del sujeto, y que esta nunca será desvalorizada, nunca se la intentará desatender.

Por esto, una vez que el sujeto logra instalarse en el discurso analítico se constituye en un sujeto incomparable.

"Hoy asistimos, plantea Jacques-Alain Miller, a la promoción de una concepción del hombre despojado de sus atributos y reducido a una cifra. Esta ideología de cuantificación y evaluación que se aplicó primero en la empresa para evaluar sus productos, ahora se ha extendido para aplicarla al hombre. Para ello es necesario que el hombre pierda todas sus cualidades, en particular la de ser hablante, la de ser de deseo y de goce y se transforme también en cosa, cosa medible, evaluable y cuantificable. Todos identificados, todos controlados, el sueño totalitario de esta ideología es evidente. Esta concepción que se vende como "eficaz", encuentra su medio apropiado en el actual estado del capitalismo, dónde se trata de obtener el máximo beneficio económico en cualquier campo y a cualquier precio"[3].

Lejos de esa ideología se encuentra la práctica analítica, que se sostiene, se apoya en lo más singular que el sujeto posee, a saber: un cuerpo en donde se manifiesta su síntoma.

El psicoanálisis no solo no promueve la supresión del mismo, sino que por el contrario "promueve una política del síntoma en la que el sujeto tiene la posibilidad y la libertad de llegar a hacerse responsable de su goce"[4].

A diferencia de las ofertas cognitivas que se apoyan en las neurociencias, el psicoanálisis se constituye como una praxis, es decir el tratamiento de lo real singular por lo simbólico, que propone en su horizonte curativo, ya sea en la dimensión del psicoanálisis puro o en la del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, que el sujeto pueda deflacionar la dimensión sufriente que el síntoma posee, a condición de saber hacer un buen uso de la solución que el mismo aporta.

La singularidad del síntoma es la razón de privilegiar la particularidad del caso, que siempre se sostiene en la emergencia del detalle, que en tanto tal se hace presente en un sujeto y no en otro (lo que determina lo no generalizable, lo que se resiste a la clasificación).

Es Lacan quien, en Introducción a la Edición Alemana de los Escritos, aporta una luz en esta cuestión:"Que los tipos clínicos responden a la estructura, es algo que puede escribirse ya, aunque no sin vacilación."… "Por lo cual indico que lo que responde a la misma estructura no tiene forzosamente el mismo sentido.: Por eso mismo no hay análisis sino de lo particular: no es en absoluto de un sentido único que una misma estructura procede, menos aun cuando esa estructura alcanza al discurso".

"Los sujetos de un tipo no tienen pues utilidad para los demás del mismo tipo. Y es concebible que un obsesivo no pueda dar el más mínimo sentido al discurso de otro obsesivo".

Adscribir a esta concepción es hacerse defensor del concepto de sujeto que impide que se superponga, que se confunda, "lo particular de lo universal, y el caso de la regla"[5].

La práctica psicoanalítica pone en su mira al sujeto, al que no confunde con la persona, lo que nos permite entonces apartarnos "tanto de la dimensión de la naturaleza como de la dimensión de las operaciones de la ciencia."[6]

Para concluir: no está de más dedicar una reflexión especial para aquellos que (ya sea por estar desinformados, por estar distraídos, por ingenuos, por ser maliciosos o simplemente por funcionar como meros agentes de las grandes corporaciones medicinales, fascinados por la erudición que se desprende del discurso universitario) consideran que tanto el discurso analítico como la práctica que de él se desprende, se encuentran en un marcado déficit tanto en su solidez conceptual como en la eficacia de su método.

A ellos hay que recordarles que es precisamente por este debate que Lacan ha realizado el esfuerzo de articular el real propio del psicoanálisis, que no hay que confundir con el real propio de la ciencia.

Entonces hay que saber que está la ciencia, está el psicoanálisis, y eso hace dos.

Jornadas del Cuerpo 7-6-2008

 
Notas
1- Miller, J.-A., De la naturaleza de los semblantes, p.103.
2- Ibid. p. 94.
3- JAM curso de enero del 2008 AMP Blog.
4- Ibíd. 3.
5- JAM Ruiseñor de Lacan Pag. 258.
6- Ibíd. 5.
 
 
 
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