El presente número ha sido ciertamente un alegre efecto, se deja leer como tal.
Así, aquel que vaya recorriendo los variados senderos, ubicará en principio unos Alcances que inician con Miller, quien con su atractivo estilo nos invita a dejarnos llevar, ponernos un poco a merced de la contingencia. Luego, y en virtud de esta última, podemos tal vez seguir con el texto de Romildo do Rêgo Barros, quien indica en la familia y la pareja una posibilidad que bajo la égida del semblante logra existir, pudiendo la comedia aparecer como tratamiento ante lo que excede la estructura.
Ahora bien, si se ha considerado erradamente al psicoanálisis como parte de la tradición e historia "psi", entramos a aclararnos las cosas: es una práctica, ciertamente. Oscar Zack lo demuestra de manera genial, amparado en una lógica que es suya, con otros. Por eso es praxis: "tratamiento de lo real singular por lo simbólico", nada de inmunitario, preventivo – como dice Osvaldo Delgado -, tampoco judicial o forense. ¿Es que una analista funciona como defensor de fantasías con estatuto de verdad? ¿O es promulgador de "falsos positivos" y negativos? Nada de farsa, habla el acto, asegurado justamente en un resorte que no niega la serie pulsión de muerte-masoquismo primordial-superyó. Más bien el analista opera ante el goce y la segregación contemporánea (Diana Chorne).
Y es que el lugar del analista en la práctica y la Escuela merece aislarse a partir del proceso subjetivo en que él mismo ha sido analizante. Luego de adoptar lo que el recorrido analítico bajo transferencia le implica en términos del vacío y lo extraño, un destino pareciera llevar al sujeto a la específica relación con la institución analítica. Esta solución ante el problema de la inexistencia del Otro y la no relación sexual entrañaría, según los escritos de Silvia Salman y Ana Simonetti, una hermosa forma para esas elocuentes Derivacionesque siguen en Consecuencias.
El lector se encuentra ahora en terrenos de "cultura". Nos encontramos con José Nun y sus cuatro muy importantes derivaciones sobre ciudadanía y pobreza; Alain Badiou, mostrándonos la alegría de la creatividad en cuestiones de filosofía; Joaquín Caretti Ríos con una reflexión sobre el problema global del estado de excepción y los nuevos campos de concentración; Sergio Larriera y María Victoria Gimbel nos presentan el nuevo libro de Jorge Alemán, que encontramos con un plus: poesía; Guillermo Bustamante Zamudio aporta elementos para pensar la enseñanza de la religión y las tendencias educativas actuales, en medio de legislaciones y empujes al horror; Iris M. Zavala se encarga también de dar lugar a lo poético, la ficción, el relato onírico frente a la perplejidad, la impudicia y lo obsceno; y María Beatriz Constantinidi hace lo suyo para efecto de goce y vida.
Al virar, verificamos al analista en innovación y otras Variaciones: Eric Laurent surfeando sobre telas de hiperletra…; mientras, David Hayman emociona con el relato de un encuentro único; así sigue Pierre-Guilles Gueguen, Jorge Alemán, Mónica Torres, Mario Goldenberg, Josefina Ayerza, Valeria Gruschetsky, Paola Cortés Rocca y Johanna F. Rodríguez Ahumada, cada cual ubicando cuestiones desde el arte, la poesía, el cine, la fotografía, pintura, resaltando producciones que varios y únicos sujetos han fabricado ante la dificultad que el ser parlante entraña.
En las Aplicaciones es evidente que el mundo sufre. Sin embargo - y es tal vez lo que evoca mejor los trabajos de Patricia Markowicz, Alejandra Glaze, Silvia Bermúdez y José Ioskyn -, existe una manera de diligenciar mediante una práctica específica lo pulsional que atormenta en lo social y que se dejaría leer bajo fenómenos de violencia, "autismos sociales", ingesta compulsiva de medicamentos y folletos de autoayuda, extrañamiento y sensaciones de desorientación, impresiones de traumatismo y fin de mundo tan familiares en países como el nuestro, ¿el suyo?
Una cosa he aprendido, varias – de hecho- pero destaco una: el nudo que mediante lo virtual puede en cierta manera realizarse, al enlazar psicoanálisis, arte y pensamiento, es "material", tiene su sede en una materia que implica el deseo. Los equipos que participaron, los sujetos que aportaron, pusieron cada uno un "trozo", a su modo, cada quien desde su butaca, que es sede, lugar y sitio.
Eso lo apreciará el buen lector, apasionará a algunos una Cosa más que otra, seguro.
Algo allí se ofrece para compartir: entusiasmo que la letra transmite al aparecer como ente vivificador luego de que una vez era el desierto de un site no exsistente.
Noviembre de 2008 |