Kant define a la ilustración como "la salida del hombre de su culpable minoría de edad". ¿Qué quiere decir con esto?
La ilustración es un intento de construir un mundo nuevo, un mundo sin Dios. No en contra de Dios, sino sin Dios. La nueva diva, la estrella, en este sentido "el nuevo Dios", pasará a ser la razón.
Puesto en estos términos, la verdad revelada de la iglesia católica, calando en cada espacio socio-político de la civilización de occidente a través de su amplia organización, se localiza como un obstáculo al avance de las luces. La institución religiosa es -pues- sinónimo de oscurantismo, de magia, de falta de razón, de ausencia de ilustración. Su doctrina moral difundida mediante su plataforma de enseñanza religiosa se dirigía a la voluntad o la conciencia y no a la inteligencia o la razón.
¿Por qué "culpable"? Culpable en términos de que no se trata de una falta de capacidad, de habilidad en el conocer, sino de una actitud, de una falta de coraje en guiarse por su propio pensamiento. Se trata de una posición infantil, en el sentido de una eterna dependencia de Otro, mayor, que autorice, que piense por él, que le indique qué hacer, cuándo y cómo. Kant define entonces la ilustración como la edad madura, como la posibilidad del hombre de crecer, de ser protagonista de su propia existencia, de auto- regularse.
Es interesante destacar que el texto habla de la "minoría de edad", y no de "minoridad".
Ambas cuestiones hacen referencia a lo infantil; no obstante, la infancia puede ser tomada, no solo como un tiempo lógico, necesario, a transitar durante los primeros años de vida, principio y fundamento de la constitución subjetiva. Sino que será determinante -para el sujeto- aquel patrón de respuesta que construya a lo real que lo habita.
A diferencia de la doctrina de la "minoridad", que, hundiendo sus raíces en las teorías genéticas, la minoridad es sinónimo de menor importancia, pequeño, reducido, mínimo, limitado. Es decir, el ser infantil está marcado por la imposibilidad, la carencia.
De allí la facilidad de la transpolación jurídica de "menor de edad" a la categoría de "menor". El "menor" supone, incluye, absorbe, en su definición: la minoría de edad, la doctrina tutelar de la minoridad y la designación social de peligrosidad del sujeto infanto-juvenil.
La situación histórica del niño cambia a partir de la C.I.D.N (Convención Internacional de los Derechos del Niño) reconociéndolos como sujetos de derechos. No obstante, el psicoanálisis mantuvo especial interés en la cuestión infantil desde sus orígenes, subvirtiendo y restituyéndole su estatuto de sujeto desde la primera hora. Produciéndose así, una necesaria y favorable conjunción entre el derecho y el psicoanálisis, que es preciso escudriñar, sostener y orientar.
Para el psicoanálisis el niño puede definirse a través de un sencillo matema, que no por simple deja de puntuar la complejidad estructural que lo especifica.
El matema (a -- S) planteado por J – A Miller en unas Jornadas del Pequeño Hans denominadas "Desarrollo y estructura", define a la infancia como un trayecto, un ir hacia: del petit a al sujeto dividido, del lugar de objeto (de los padres, en la trama edípica) al lugar de sujeto del inconsciente.
Retomando a Kant, en la salida del infantilismo, se pone el acento en la responsabilidad del hombre ante su propia existencia y destino. Al respecto, el psicoanálisis coincide con este punto y lo podríamos situar en los desarrollos de Eric Laurent al explicar la tesis lacaniana del "niño generalizado", tesis planteada en el "Discurso de Clausura de las Jornadas sobre las psicosis en el niño" de 1967.
Además del niño generalizado, es interesante en este punto hacer referencia a otra propuesta que se desprende de las dos anteriores. La "salida de la adolescencia" es una tesis de Guy Trobas (psicoanalista francés de la ECF-AMP). Este analista plantea que la aparición de la pubertad se transita con más o menos vaivenes, siendo lo decisivo y crucial el momento de la salida de la adolescencia. A partir de la salida es que
–retroactivamente– se significa la adolescencia; tiempo por el que transita el sujeto en la búsqueda y construcción de una respuesta subjetiva al enigma de la sexualidad.
El arribo a la llamada "identidad" – de las teorías psicológicas- no es otra cosa que la conclusión del tiempo de comprender que se ha dado el sujeto a la pregunta por su realidad sexuada. El momento de concluir del sujeto adolescente es sinónimo de esa respuesta que ha experimentado, que le ha dado ciertos resultados estimados o suficientes, razón por la cual adoptará tal particularidad en adelante.
Ante el desfallecimiento de los ideales, sea por la separación de los padres o la patología social de la autoridad, el sujeto ha de hallar un saber hacer con ese vacío. Ante la desvanecimiento del gran Otro subjetivo y social que trae consigo el desconcierto, el agujero, el sin sentido, lo real, el sujeto hecha mano de lo que dispone e inventa una respuesta.
Dichas respuestas, las menos favorecidas, pero ampliamente extendidas en nuestro tiempo, son los síntomas de la anorexia y bulimia, los actings out y pasajes al acto, los fundamentalismos, las adicciones.
En la actualidad sucede que, caídos los ideales, el Otro, la autoridad, sobreviene a ellos el objetivo de la satisfacción. El derrumbe de la suposición de saber, el desmoronamiento del Padre, abre múltiples y variados síntomas que expresan la desorientación subjetiva. El vacío de saber hace surgir la ilusión de que todo es posible; por ello, cuándo el sujeto se encuentra a la intemperie, desalojado, despojado de su norte, sobrevienen las salidas de último recurso. ¿Cuáles son esas salidas de último recurso?
Como enumeraba anteriormente, ante el desfallecimiento del fantasma se abre el espectro del pasaje al acto y el acting out como intento de salir rápidamente de la vacilación, de la indeterminación entre un significante y otro, a través de la precipitación de un acto –fallido-.
También es el tiempo en el que afloran con mayor fuerza la dureza las ideas, las opciones radicales, la intransigencia, los binarismos, los fundamentalismos.
No olvidemos la expresión plena del amor y el rechazo a la sexuación que implica la salida anoréxica o bulímica; como tampoco habrá que ignorar la "pandemia" del goce fuera del cuerpo, fuera del sexo, colocado en un objeto, un objeto que por tales atribuciones de absoluto placer y exterioridad se vuelve tóxico; las adicciones, en su multiplicidad de manifestaciones - a internet, a los video juegos, al trabajo, a los fármacos – marca la ruptura con el "hace pi-pi", con la función fálica. El tóxico logra condensar el goce por fuera del cuerpo y por fuera de la sexuación, logra así un sujeto absolutamente adaptado a la sociedad de consumo, participando de ésta mediante el obediente consumo de su propia existencia a manos del objeto tóxico.
En síntesis, podríamos definir a la adolescencia como aquel proceso o tiempo de comprender, de ensayo y de error, hacia la opción por una – o algunas, no todas – de modalidades de responder a la emergencia de lo real. Es decir, la decisión del término de la adolescencia implica la estabilización de una respuesta. En el momento de concluir de un sujeto respecto de la forma de goce privilegiada que pondrá en uso en la elección del partenaire.
En virtud de la problematización de la filosofía respecto de la minoría o mayoría de edad de la humanidad, rastreando las deliberaciones del eximio pensador de la arqueología y genealogía del poder, se produjo un hallazgo, azaroso para mi, que quiero compartir con ustedes.
Escrutando la lección inaugural de 1970, en el Collage de France, en el que sucedió a Jean Hyppolite en Historia de los Sistemas de Pensamiento, Michel Foucault al plantear allí el núcleo de sus investigaciones y adelantando todo un programa de trabajo por venir. "El Orden del Discurso" versa sobre las plurales y complejas relaciones entre el saber y el poder, a través de una meticulosa consideración de: "los tres grandes sistemas de exclusión que afectan al discurso, la palabra prohibida, la separación de la locura y la voluntad de verdad" (p. 23). Más adelante dirá: "Algún día habrá que estudiar también el papel que tuvo Freud en el saber psicoanalítico (…) un autor en el campo del discurso filosófico (que estuviese como Kant en el origen de otra manera de filosofar)" (p. 63-64).
En 1983 y 1984 sucesivamente, M. Foucault escribe dos textos que llevan el mismo nombre, no cualquier nombre, un nombre ya escuchado por la historia del pensamiento, un nombre que aún da que hablar y fundamentalmente, da que pensar. "¿Qué es la ilustración?" de M. Foucault continúa y amplifica las bases planteadas por Kant dos siglos antes. Cito: "Por una parte, quería subrayar el arraigamiento de la Aufklärung de un tipo de interrogación filosófica que problematiza a la vez la relación con el presente, el modo de ser histórico y la constitución de uno mismo como sujeto autónomo" (p. 99 – texto 1984).
Con esto M. Foucault destaca el acto inaugural en la filosofía, por el cual un filósofo toma la responsabilidad de preguntarse por su tiempo. Introduce la cuestión de la actualidad a la reflexión filosófica. A partir de ese momento, se incorpora la temática de la temporalidad del momento histórico en que se desarrolla la misma actividad filosófica como una cuestión a pensar. Se introduce el contexto histórico, la cosmovisión del mundo, los paradigmas culturales, sociales y teóricos por los que la actividad del pensar está atravesada. A partir de la modernidad, la actualidad del pensador comienza a ser un objeto de estudio hasta entonces desconocido. Esta genialidad constituye un hito en el pensamiento, un hito en cuya cabeza encontramos a Kant y que M.Foucault rescata 200 años después.
Me interesa que tomemos estos textos por tres motivos:
1) La "responsabilidad en el estado de minoridad" de la voluntad o el uso de la razón por parte del hombre, tal lo marcara Kant a través de los tres ejemplos clásicos, a saber: "cuándo un libro ocupa el lugar del entendimiento, cuándo un director espiritual ocupa el lugar de la conciencia, cuándo un médico decide por nosotros nuestro régimen (…) en todo caso, la Aufklärung es definida por la modificación de la relación pre-existente entre la voluntad, la autoridad y el uso de la razón".
Contribuciones eximias del pensamiento filosófico que anudáramos al discurso analítico - con las tesis del "niño generalizado" y la "salida de la adolescencia"-, no solo en un esfuerzo de contextualizar históricamente sino en un intento de configurar una genealogía u orden lógico de los discursos en la historia del pensamiento.
2) La relación a la autoridad, su ocaso, pulverización o pluralización. Que hemos recorrido a través de los desfiladeros de los movimientos sociales tanto como de las modalidades de respuestas subjetivas. La particularidad de la época respecto a la caída de los ideales podemos pensarla en correlación a la destitución del padre por parte del sujeto adolescente.
Dicho en otras palabras, la barradura del Otro se replica exponencialmente en lo social, la castración de los ideales paternos son correlativos al estallido de la autoridad en las sociedades, el desorden o interpelación de las instituciones es la expresión social de la ruptura o interrogación a lo instituido por los padres. En definitiva, hoy más que nunca, la dificultad del sujeto en orientarse en la vida reviste una mayor complejidad. Los sujetos actuales y en particular los niños, niñas y adolescentes se encuentran con la titánica tarea de construir su propio Nombre del Padre, bajo la modalidad que la contingencia les permita.
3) La incidencia de la subjetividad del autor en la obra. Lo que nos relanza a pensar sobre: la relación de la posición subjetiva del analista y su vinculación con la clínica. Nos remite a pensar sobre el análisis del analista, el analista como analizante, la autorización del analista a partir de uno mismo y de los otros, la formación del analista, la Escuela como lugar de formación. Es decir, interrogarnos sobre la Autoridad Analítica.
La autoridad analítica constituye una consideración central en el discurso analítico, nos arroja de lleno a la cuestión ética. Abre la posibilidad y la responsabilidad de pensar sobre la definición del psicoanálisis, el analista y la actualidad de los analistas. Permite y obliga a preguntarse sobre ¿qué es un analista? ¿Qué un psicoanálisis? ¿Qué vinculación entre el discurso analítico y la época? ¿Es su producto o va a contrapelo de los signos de los tiempos? ¿Qué sujeto produce un análisis?
El presente trabajo es simplemente una invitación a transitar estas cuestiones. |