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Consecuencias
 
Edición N° 19
 
Julio 2017 | #19 | Índice
 
El goce del texto
Por Giselle Canteros
 

Giselle Canteros

"El placer del texto es ese momento en que mi cuerpo comienza a seguir sus propias ideas pues mi cuerpo no tiene las mismas ideas que yo".
Barthes, R., El placer del texto y lección inaugural.

J.–A. Miller en su intervención titulada Habeas Corpus pronunciada en la clausura del Xº Congreso de la AMP, "El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI" en Río de Janeiro[1] planteó, entre otras cosas por supuesto, que el título del libro de Barthes conocido como El placer del texto debería haber sido El goce del texto, independientemente de si Barthes no le puso ese título para no desvelar la influencia que Lacan tuvo en él, me pareció un detalle interesante.

Roland Barthes en El placer del texto cita a Lacan para dar cuenta que el goce es in–decible, interdicto: "Lo que hay que reconocer es que el goce como tal está interdicto a quien habla, o más aún, que no puede ser dicho sino entre líneas"[2].

Plantea que muchas lecturas son perversas y por tanto esto mismo implica una escisión, de tal forma un lector puede decir en todo momento que: "sé muy bien que no son más que palabras, pero de todas maneras… (Me conmuevo como si estas palabras enunciaran una realidad)".[3]

En la Lección inaugural Barthes presenta la cátedra de Semiología Literaria en el Collège de France y, entre otras cosas, señala que la segunda fuerza de la literatura es su fuerza de representación. Dirá que desde la antigüedad hasta los intentos de la vanguardia, la literatura se afana por representar algo y refiere que ese 'algo' es lo real.

Tomando como referencia el concepto lacaniano sobre lo real, el autor plantea que lo real no es representable, y es debido a que los hombres quieren sin cesar representarlo mediante palabras, que existe una historia de la literatura.

Ahora bien que lo real no sea representable –sino solamente demostrable– puede ser dicho de diversas maneras: "ya sea que con Lacan se lo defina como imposible, lo que no puede alcanzarse y escapa al discurso, o bien que, en términos topológicos, se verifique que no se puede hacer coincidir un orden pluridimensional (lo real) con un orden unidimensional (el lenguaje)"[4]. Barthes agregará que es precisamente esta imposibilidad topológica a la que la literatura nunca quiere someterse y prosigue: "los hombres no se resignan a esa falta de paralelismo entre lo real y el lenguaje, y es este rechazo, posiblemente tan viejo como el lenguaje mismo, el que produce, en una agitación incesante, la literatura".[5]

Por consiguiente por más que los hombres lo intenten no pueden reducir, domeñar, negar o por el contrario asumir lo que siempre es un delirio, a saber, la inadecuación fundamental del lenguaje y de lo real.

El Lapsus

Durante la primera enseñanza de Lacan el lapsus es considerado como una formación del inconsciente que cuando irrumpe en el discurso produce un efecto de agujero en el mismo, y puede interpretarse en análisis para que el sujeto escindido alcance un saber sobre lo no sabido.

En su última enseñanza Lacan no se inspiró en Freud como en sus desarrollos teóricos anteriores. De hecho a menudo lo denigra. Se inspiró más bien en la práctica de la escritura de James Joyce.

El lapsus entendido por Lacan en su última enseñanza no como una formación del inconsciente, simbólica, presta a una interpretación que lo descifre sino como del orden de lo real, sin interpretación, sin sentido. Podría pensarse en relación con aquello que Barthes plantea sobre la literatura, esto es, que ella es categóricamente realista en la medida en que sólo tiene a lo real como objeto de deseo, y que a su vez es también obstinadamente irrealista, dado que cree sensato el deseo de lo imposible.

Textos de goce: la literatura.

Miller señala que la palabra pasa por el cuerpo y, de retorno, afecta al cuerpo que es su emisor bajo la forma de fenómenos de resonancias y de ecos. La resonancia, el eco de la palabra en el cuerpo, son lo real –el mismo real de lo que Freud llamó "inconsciente" y "pulsión"–. En este sentido, el inconsciente y el cuerpo hablante son un único y mismo real.[6]

Por tanto la palabra escrita, la literatura, también pasa por el cuerpo hablante del lector y bajo resonancias y ecos lo afecta, lo conmueve, y es allí entonces, que el texto deviene de goce.

Así lo expresa Pascal Quignard: "El poema es gozar. El poema es el nombre encontrado. El formar cuerpo con la lengua es el poema"[7].

El inconsciente desde la última enseñanza de Lacan no es un inconsciente de pura lógica sino un inconsciente de puro goce. Agrega Miller que para designar este nuevo inconsciente, Lacan ha forjado una nueva palabra, un neologismo, el parlêtre, que es una entidad óntica distinto del inconsciente freudiano que es de orden ontológico y ético. Por tanto hay una equivalencia entre inconsciente y pulsión, por todo lo cual estos dos términos tienen un origen común que es el efecto de la palabra en el cuerpo, los afectos somáticos de la lengua, de lalengua[8].

En cuanto a cómo pensar y sostener tanto en la teoría como en la práctica la tensión entre el inconsciente transferencial y el inconsciente real sigue siendo, al menos para mí, un tema a investigar.

Para concluir…

Barthes definirá un texto de goce como aquel que "pone en estado de pérdida, desacomoda…, hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje"[9].

De manera tal que podemos retomar el epígrafe de este breve escrito en función de lo expuesto y leerlo de esta manera: El goce del texto es ese momento en que mi cuerpo comienza a seguir sus propias ideas pues mi cuerpo no tiene las mismas ideas que yo.

Los textos de goce serán tantos y diversos como de parlêtres lectores se trate.

Los cuerpos hablantes que vivimos a diario la experiencia de leer literatura podemos dar cuenta que así es.

 
Bibliografía
  • Intervención pronunciada por J.–A. Miller en la clausura del Xº congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI, Río de Janeiro, 25–28 de abril de 2016. En esta secuencia titulada "De Río a Barcelona" intervinieron también Miquel Bassols y Guy Briole. Versión establecida por Guy Briole, Hervé Damase, Pascale Fari et Ève Miller–Rose. Texto no revisado por el autor y publicado con su amable autorización.
  • Barthes, R., El placer del texto y lección inaugural, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2014, p. 31.
  • Quignard, P., El nombre en la punta de la lengua, Arena Libros, Madrid, 2006.
 
Notas
  1. Intervención de J.-A. Miller en la clausura del Xº congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI, Río de Janeiro, 25-28 de abril de 2016. En esta secuencia titulada "DeRío a Barcelona" intervinieron también Miquel Bassols y Guy Briole. Versión establecida por Guy Briole, Hervé Damase, Pascale Fari et Ève Miller-Rose. Texto no revisado por el autor y publicado con su amable autorización.
  2. Barthes, R., El placer del texto y lección inaugural, Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2014, p.31.
  3. Íbid, p.64
  4. Íbid, p.101.
  5. Íbid, p.101.
  6. Miller, J.-A., Op. Cit.
  7. Quignard, P., El nombre en la punta de la lengua, Arena Libros, Madrid, 2006.
  8. Miller, J.-A., Op. Cit.
  9. Roland, Barthes, El placer del texto y lección inaugural, Buenos Aires, Siglo Veintiuno editores, 2014, P.22.
 
 
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