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Consecuencias
 
Edición N° 19
 
Julio 2017 | #19 | Índice
 
Presentación del libro Bullying, acoso y tiempos violentos. Lecturas críticas desde el psicoanálisis de orientación lacaniana en la EOL.
Por Patricio Álvarez Bayón
 

I

Patricio Álvarez BayónPara hacer la presentación del libro, a la que amablemente me invitó mi amigo Mario Goldenberg, intenté buscar una clave de lectura para situar qué sería el "bullying" leído desde el psicoanálisis. Es este un término nuevo que nombra a uno viejo y funciona como modo de nominación. Eric Laurent hablando del DSM dice que nuestra época es nominalista: es habitual que a fenómenos conocidos se les ponga un nuevo nombre, y eso puede tener una finalidad política. De este modo, ocurre con este fenómeno y con otros, que ya conocemos de toda la vida: por ejemplo que toman de punto al compañerito de al lado y a eso se le pone un nuevo nombre, bullying, y ese nuevo nombre tiene dos caras: por un lado tiene el efecto negativo de que puede ser utilizado en las prácticas terapéuticas de modo universalizante, pero por otro lado tiene a nivel de los derechos, el efecto positivo de visibilizar un elemento que antes no lo estaba, ejerciendo un acto político. Así, los psicoanalistas, que no estamos en posición de defender un derecho pero sí de analizarlo, observamos que esto tiene el efecto de visibilizar un fenómeno que cobra el valor de un nuevo derecho a partir de ser nominado.

De este modo, los psicoanalistas no ponemos nombres nuevos pero sí podemos usar esas nominaciones para extraer sus efectos a nivel clínico y sus consecuencias, para interrogarnos qué puede hacer un psicoanalista frente a ese fenómeno.

Por ello, la clave de lectura que elegí para leer el libro, es extraer los elementos que permitían situar los efectos del bullying a partir de su nominació, para interrogar si se lo puede tomar como un concepto. Así, fui tomando distintos artículos y fui a buscar en cada uno de ellos aquéllo que permita establecer un corpus teórico del concepto del bullying desde diferentes puntos. Eso es algo interesante que ofrece el libro: los artículos van aportando distintos elementos para formarlo, sin repetirse, sino agregándolos al modo de una construcción. Los dos únicos elementos que sí se pueden ubicar en común a todos ellos, son la declinación del padre y el discurso capitalista. Dos elementos que están en todos los artículos que se trabajan desde distintos lugares.

El trabajo de Héctor Gallo ubica la diferencia inicial entre agresividad y violencia, continuando con el trabajo del libro anterior. A nivel de la agresividad como fenómeno clínico, se trata aquí de la relación entre el yo y el semejante en la cual hay una mediación del Otro, que se ubica como testigo de la agresividad. De hecho, Gallo ubica la versión freudiana de la agresividad que es el desafío entre los hombres que se pelean. Freud también destaca el elemento erótico –"roce de las pieles", dice Freud– en la agresividad. Y Lacan ubica el hecho de la mediación que establece el Otro, que pacifica a la agresividad.

En oposición a la agresividad, la violencia –dice Lacan– está en el lugar contrario de las palabras. Entonces, a diferencia de la agresividad, en la violencia no está en juego el Otro. En este punto, Gallo sitúa que los efectos de la violencia como fenómeno de la época son más presentes en el punto en que el Otro está en una dimensión inconsistente a partir de la declinación del padre. A partir de esto, ubica los lugares a nivel del bullying: por un lado, el goce del acosador como un goce que, justamente en la medida que no tiene la mediación del Otro, implica un goce de conducir al acosado a la posición de resto y lograrlo, a diferencia de otro momento en que la presencia de la imago paterna ponía en juego esa mediación –en este punto, se puede ubicar como fenómeno de la época es que el acosador logra reducir a la víctima al lugar del objeto–. Por otro lado, en el lugar del acosado se sitúa la posición de la angustia del sujeto que declina toda lucha. Allí, la posición del acosado es abandonar la lucha de antemano.

El artículo de Miquel Bassols agrega a esos dos lugares, el acosador y el acosado, la función del Otro fascinado como tercer lugar del acoso: es fundamental la posición del que mira, porque encarna la función del público, la función del palco. A falta de un Otro simbólico, mediador, que transforme la violencia en agresividad, la función del que mira, pone en escena otra dimensión del Otro: el que mira la escena del bullying, ya sea con espanto o con fascinación, que funciona como el destinatario a quien se dirige el espectáculo. Así, ese espectador, sostiene la escena del acoso.

Otro elemento que sitúa Hélène Bonnaud, es la función del odio, que se agrega a la agresividad y la violencia. En la definición de Lacan, el odio se dirige al ser. El artículo se llama "La faceta del odio en el acoso", a partir de la publicación de un libro en Francia donde una madre escribe sobre cómo su hija se suicida a partir del acoso pertinaz de sus compañeros, en el cual le mandan más de tres mil mensajes de texto acosándola, ella luego anuncia que se va a matar y le responden "el día de mañana va a haber una persona menos". Es decir, hay un acoso absoluto hacia esa chica y ubica la dimensión del acoso como dirigido al ser, no sólo en el sentido de identificar al acosado al objeto resto, como planteaba el artículo de Gallo, sino también en el sentido de una eliminación absoluta del ser del Otro.

Así, puede observarse cómo el libro va agregando elementos, que van construyendo un concepto a partir de una nominación, el concepto de bullying.

El artículo de Andrea Botas agrega dos elementos, analizando los estragos producidos en el Nacional Buenos Aires, donde los alumnos entraron a la iglesia y rompieron asientos, cuadros, etc. Uno, situando la mirada absoluta en la época, donde hay un elemento que es –como subrayaba Bassols– "un espectáculo que se da a ver": no es sólo la relación de los alumnos con la iglesia, que quieren hacer su queja contra la misma, sino también su relación con el espectáculo. El segundo elemento es el efecto de la declinación del padre como declinación de la autoridad. Es interesante con respecto a esto, cómo el artículo señala como se procesa a estos alumnos: los echan del colegio, el Colegio Nacional pide disculpas públicas, etc., pero ellos siguen diciendo en el proceso que "fue una broma", donde ante el efecto de la autoridad que es encarnada por el director, la policía, el juez, etc., ellos siguen diciendo que fue una broma y agrega uno de ellos: "no cambia nada estar procesado"; mostrando como ninguna autoridad logra tocar algo de su posición ante ese Otro.

El artículo de Ana Vallejo agrega un elemento más que es la dimensión del superyó, en el punto donde, por efecto de la declinación del Nombre del Padre se desarticula el superyó del Ideal del yo, por lo cual se pone mucho más en juego su cara gozosa. Toma una frase de Mario Goldenberg, donde plantea que en la época actual "el superyó es más lacaniano que freudiano", en el punto en que se ponen en juego los efectos del superyó sobre la violencia y el bullying en su dimensión gozante, no en su dimensión articulada al Ideal del yo.

El último texto que quiero ubicar es el de María Paula Castro que sitúa otro elemento más. Por efecto de la declinación del nombre del padre, se produce una identificación horizontal entre los miembros de la masa, pero sin una referencia al Ideal, en la que todos quedan identificados a la posición de víctimas. En la medida en que no los unifica un líder y no funciona la identificación vertical, la identificación horizontal se produce en el nivel del objeto, por lo que todos quedan igualados entre sí en el lugar de la víctima, del acosado, en último término, del objeto.

Así, en este eje, que selecciona algunos artículos mientras que otros fueron seleccionados por mis compañeros de mesa, he intentado construir esta clave de lectura que produce el concepto del fenómeno de bullying, en la cual se va construyendo su dimensión clínica.

 
Desgrabado por Rosy Goldman.
Versión revisada por el autor.
 
 
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