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Consecuencias
 
Edición N° 20
 
Marzo 2018 | #20 | Índice
 
Neoliberalismo ¿y el sujeto?
Por Rosy Goldman
 

Sin estado de derecho no hay democracia,
Sin democracia no hay libertad de expresión
Sin libertad de expresión no hay circulación de la palabra
Sin circulación de la palabra no hay psicoanálisis ni sujeto.

Rosy GoldmanMe interesa aclarar que sigo teniendo interrogantes que no he podido resolver hasta el momento. La escritura y la lectura (sin necesidad de pretenderla perfecta y completa) son recursos que suelen colaborar conmigo para disipar dudas sobre cómo afirma Lacan: "Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época". Es en este marco que deben tomarse las coordenadas para "la dirección de la cura".

Entonces, mi pregunta se orienta a ¿cómo incide esta época sobre la práctica del psicoanálisis y qué puede aportar el psicoanálisis en esta época neoliberal, con el formateo de 'subjetividades' que anulan al sujeto de deseo?

Para ampliar mis herramientas, que hasta el momento se circunscribían a los conceptos del psicoanálisis, he recurrido a articularlos con los de otros autores (también muy valiosos) más dedicados a lo político, ya que considero necesario hacer uso de sus reflexiones, debido a que en el neoliberalismo imperante –en Argentina y en otros lugares del mundo–, corre graves riesgos de desaparecer el psicoanálisis y el sujeto en su singularidad, lo que estoy segura constituiría un error ético no salir en su defensa.

Prueba de ello es el intento de implementar un decreto que modifica la Ley de Salud Mental que no sólo elimina al psicoanálisis como modo de dirección de la cura, sino que los psicólogos y psicoanalistas pasan a ser meros asistentes del discurso médico psiquiátrico (con el dominio de la industria farmacológica y sus DSM) o aplicadores de las TCC dominantes en el mercado. Eliminando así la escucha de la singularidad de cada padecimiento.

Por otro lado, se vuelve a la manicomialización, excluyendo y privando a los psicóticos y autistas de una posible compensación y llevándolos a una condena de aislamiento y desarraigo.

Antes de comenzar con la articulación entre los autores elegidos, quiero expresar mi pregunta esencial: ¿Cuál será el modo en que el psicoanálisis resistirá a su aniquilación dentro del predominio del neoliberalismo? Considerando que sin estado de derecho no hay experiencia psicoanalítica.

Ernesto Laclau

Uno de los autores elegidos es Ernesto Laclau (1935 –2014) quien fue un filósofo, teórico político y escritor argentino postmarxista. Entre sus libros más mencionados se encuentran "Hegemonía y estrategia socialista" y "La razón populista".

El populismo en La razón populista (término utilizadki utilizado por Ernesto Laclau), práctica política históricamente desdeñada, es vuelto a pensar como lógica social y modo de construir lo político desde un enfoque que se aleja definitivamente del punto de vista sociológico. Sus hipótesis –basadas en el postestructuralismo y la teoría lacaniana– son puestas a prueba al analizar, –entre otras coyunturas históricas– la conformación de la resistencia peronista. Explicita su reformulación del concepto de "pueblo" en torno a la sobredeterminación de la identidad política, y fundamentalmente poner el acento en el poder unificador de las demandas.

La "Razón populista" aporta una nueva dimensión al análisis de la lucha hegemónica y de la formación de las identidades sociales, que es fundamental para comprender los triunfos y fracasos de los movimientos populares, y avanza un paso más en el proyecto político de una democracia radical en el actual escenario de un capitalismo globalizado.

Lo primero que ha hecho Laclau es dividir la unidad del grupo social en unidades menores que ha denominado demandas: el resultado de una nueva unidad emancipatoris del grupo­ en esta perspectiva, es el resultado de una articulación de demandas. Sin embargo, esta articulación no corresponde a una configuración estable y positiva que habría que considerar como una totalidad unificada. Por el contrario, puesto que toda demanda presenta reclamos a un determinado orden establecido y sólo se satisface no–toda, ella está en una relación peculiar con ese orden, que la ubica a la vez dentro y fuera de él (en términos de Lacan sería un lugar éxtimo); como ese orden no puede absorber totalmente a la demanda, no consigue constituirse a sí mismo como una totalidad absoluta. Las demandas requieren, sin embargo, algún tipo de articulación si es que se va a cristalizar en algo que sea inscribible como transformación dentro del "sistema". Todos estos movimientos contradictorios y ambiguos implican las diversas formas de articulación que incluyen los significantes vacíos, la hegemonía– que se aplican a una gama más amplia de fenómenos políticos. Estas demandas tienen que estar unidas por un significante que las nombre.

Si un significante se ha constituido como un significante vacío y es el que unifica a todas las demandas sociales disgregadas, cualquier nueva demanda que surja tendrá que pasar por ese significante que las nombra; pero ese significante no es omnipotente como para que articule todas las demandas en la cadena equivalencial.

En los años 60 y 70 el "retorno de Perón" era el significante que unificaba al campo popular. Empero, el mismo Perón fue a la hora de colocarse en ese lugar, impotente para dominar las demandas que se iban expandiendo en ese campo, era incapaz de unificar todas las demandas institucionalmente. Sin significante vacío y hegemónico no hay política.

Sin embargo, hay demandas que podrían ser absorbidas por discursos de derecha. (Como ocurre actualmente en Argentina; seguridad: represión de "otras" demandas"; inflación, repudio a "manifestaciones de reclamo por otras demandas insatisfechas", que interrumpen el tráfico). O sea intolerancia a los diferentes de modos de goce, como suele posicionarse el "poder".

Toda la articulación que desarrollaré puede basarse en Lacan en tanto que afirma que el TODO es imposible de construir, siempre hay un resto que queda por fuera. Por eso, cuando pasa a construir su teoría en base al A/(barrado) comienza a orientarse por la lógica del no–todo. No–todo regulado por la ley fálica (¿significante vacío?), aunque amarrado a ella.

Por lo tanto, este significante vacío y hegemónico es esencial para la constitución de este campo, pero por otro lado es incapaz de controlar todas las demandas. En la constitución del campo popular se arman estas dos dimensiones: las equivalencias que a partir del sistema hegemónico constituyen el significante vacío y por la incapacidad de ese significante de controlar todos los sistemas de equivalencias, se crea un espacio de una tensión indestructible. En su momento, el significante Chávez, por ejemplo, no pudo controlar totalmente la formación autónoma de grupos locales que eran la base de su poder y por otro lado los grupos locales sin la presencia de ese significante hegemónico Chávez, tampoco conseguirían una eficacia política de largo plazo.

Siempre los movimientos sociales van a tener este momento de la articulación y este momento horizontal de la expansión autónoma de las luchas y la eficacia a largo plazo de una política de emancipación que consiste en que el equilibrio entre estos dos momentos sea mantenido.

Para Laclau, el Populismo significa que ningún proceso histórico es "necesario", la "brecha" del antagonismo es la precondición de lo "político" para que pueda emerger siempre de un modo "contingente" una voluntad colectiva transformadora de la institucionalidad vigente.

Jorge Alemán

Jorge Alemán (filósofo, psicoanalista y escritor, entre otras cosas) conoció a Laclau, cuando tenía dudas sobre cómo introducir a Lacan en la política. Aunque en ese momento tenía muy presente las malas noticias del psicoanálisis y sus advertencias sobre los proyectos emancipatorios que no tuvieran en cuenta la singularidad del sujeto, este gran escritor y psicoanalista afirma darse cuenta que "Laclau había introducido el pensamiento de Lacan y, que era una proeza intelectual ya que había abordado una relectura de Gramsci desde la teoría de Lacan y comenzado a pensar las teorías de la hegemonía desde un punto de vista de la ontología del discurso" (que, para Alemán son dos: La constitución del sujeto a partir de lalangue y la constitución de subjetividades a partir del formateo mediante los recursos históricos del poder, –en nuestra época neoliberal–).

Laclau había tenido en cuenta las experiencias latinoamericanas, no sólo las europeas. Y, a partir del 2000 las piezas lacanianas comenzaron a estar más presentes, ya la teoría de la hegemonía se construyó claramente alrededor de significante vacío (que se vayan todos, en el 2001), incluyó términos como punto de capitón, la lectura personal de Laclau sobre el objeto a lacaniano.

El gran corte epistemológico que hizo Laclau es que todos habían pensado los proyectos políticos desde las ciencias sociales, pero no habían pensado desde la estructura discursiva y cómo se había encarnado históricamente, y cuando Laclau empieza a pensar desde la teoría del significante, desde la teoría de lo Real como un lugar imposible y comienza a descompletar la idea de universal y emprende la aceptación de la heterogeneidad de lo Real; Alemán lo retoma enfáticamente para sus reflexiones.

Hay un antes y un después de Laclau. Por ejemplo al peronismo lo empieza a caracterizar teniendo en cuenta la lógica del significante vacío, de la heterogeneidad de las demandas y nadie había pensado cómo se constituye la emergencia de una voluntad colectiva. Comienza a ver cómo es la unidad media de las demandas insatisfechas, y cómo se diferencia de otras demandas, cómo hay una dislocación de la demanda y cómo se va a representar, que, por estructura es siempre fallida. Se intenta pensar cómo se articulan estos conceptos en las experiencias actuales.

Jorge Alemán discute con esta aseveración y afirma: "Generar una voluntad política no implica necesariamente un proyecto emancipatorio. Aun teniendo en cuenta las demandas insatisfechas, la cadena equivalencial nunca va a abarcar todas las demandas. (Sospecho que lo toma de Lacan en referencia al no–todo). No se puede afirmar, entonces, que se ha dado un proyecto emancipatorio".

Propone que esto sigue siendo un proyecto a pensar, aunque Laclau diría "cuanto más se extienda la cadena equivalencial, cuantas más diferencias una cadena equivalencial pueda soportar, estamos generando una voluntad colectiva transformadora".

La aventura comienza por admitir lo imposible. Aquí me permito incluir la posición anticipatoria de Lacan en su conferencia en Milán (12–05–1972) al introducir el discurso capitalista, que se niega a incluirlo dentro de los cuatro discursos propuestos en el Seminario XVII, ya que en el capitalista se rechaza lo imposible (de la relación sexual), la castración y el amor. "El capitalismo se consuma y se consume en su discurso bajo el imperativo de la plusvalía, por lo tanto del plus de gozar". Ya en el Seminario XVI formula que "Marx parte de la función del mercado de trabajo. Esto le permite demostrar lo que hay de inaugural en su discurso: la plusvalía, por lo cual se desprende como causa de su pensamiento la función de la plusvalía… El trabajo no era nuevo en la producción de la mercancía… Desde el principio esta renuncia constituye al amo, quien piensa volverla al principio del placer. La novedad es que haya un discurso que articule esta renuncia y haga aparecer lo que llamaré la función del plus de gozar. Aquí está la esencia del discurso analítico… El discurso posee los medios de gozar en la medida en que implica al sujeto. No habría ninguna razón de sujeto, en el sentido que se dice razón de Estado, si no hubiera en el mercado del Otro como correlato el establecimiento del plus de gozar recuperado por algunos… El plus de gozar es función de la renuncia al goce por efecto del discurso. Eso es lo que da lugar al objeto a. En la medida que el mercado define como mercancía cualquier objeto del trabajo humano, este objeto lleva en sí mismo algo de plusvalía…"

En el Seminario XX Lacan nos advierte que el Superyó nos impone un mandato preciso: "Goza!", pero no sólo de la renuncia, sino que esta renuncia es infinita a cambio de algo que nunca llegará. Es necesario que la renuncia se adecúe a las ofertas del mercado.

Aquí se podría remarcar la famosa indicación de Lacan sobre "estar a la altura de la subjetividad de la época". Es en este marco en el que deben tomarse las coordenadas para "la dirección de la cura" y la posición del psicoanálisis en la actualidad.

Es necesario admitir el carácter fallido de toda representación, si la representación no fuera fallida sería peligrosa, ya que pensar que hace una totalidad, que tener representantes perfectamente logrados, es una ilusión difícil de concretar.

Frente a lo imposible, se puede tomar la posición de la impotencia o la de hacer con lo imposible una experiencia de saber hacer. El psicoanálisis, merced a Lacan, es un camino hacia lo incurable. Las distintas experiencias de la clínica y del propio análisis nos van orientando hacia ésta última posición.

Alemán afirma haber "construido una teoría que va reformulando según lo que la experiencia le ha permitido pensar". Podríamos acotar que es el mismo recorrido que hizo Lacan.

Laclau asegura, por otra parte, que como existe una imposibilidad estructural de eliminar los antagonismos que abrieran paso a una realidad subyacente sin ellos, es propio de una emancipación que no sea total, ni que pueda ser una emancipación en donde exista una reconciliación consigo misma, ni ser una emancipación que haga desaparecer la dimensión de lo político.

La mera tensión entre el significante vacío y las cadenas equivalenciales, ¿a qué apunta? El hecho que no se puedan resolver jamás las contradicciones armónicamente entre el significante vacío y las cadenas equivalenciales: ¿configura de por sí que no es una orientación emancipatoria? ¿O esta orientación emancipatoria funciona como un horizonte que se debe mantener, aunque su cumplimiento sea imposible, como regulador de todo el proceso de experiencia de lo político como tal?

El otro aspecto inevitable es la propia existencia del capitalismo: al presentarse una teoría de lo político (Laclau) y del engendramiento de los procesos de significación que no han aparecido, cómo no ha aparecido ese proceso de construcción, –que además Laclau ha especificado claramente que aunque hay momentos de homología entre el significante vacío, el objeto a lacaniano, etc.–, todos estos nombres están en esa situación límite que de alguna manera intentan de un modo fallido, cerrar una totalidad y a la vez designarla como tal.

Hay una oposición entre la verdad y el saber, el saber está atravesado irreductiblemente por la verdad. En el discurso capitalista, en el lugar de la verdad, el S2, queda reducido a un semblante relativo de saber, motor del escepticismo que corrompe la creencia en el saber de la ciencia. La creencia misma se halla en cuestión. Dice Miller: "El saber en el lugar de la verdad/mentira en la civilización". Entonces ahí aparece la cuestión del síntoma, del no–todo. Por otra parte, está cómo se presentan los políticos, que lo hacen a través de semblantes como si supieran, los medios les exigen que comuniquen hacia dónde van las cosas.

Además se puede afirmar que existe en Lacan una articulación entre plusvalía y plus de gozar, que, a mi entender, como decía Freud, hay que valerse de otros pensamientos para poder dirigir una cura.

Aquí va una disgreción que me pareció interesante al encontrar este artículo: Mempo Giardinelli en su artículo Ajedrez con psicópatas, publicado en "Pagina 12", el 23 de enero de 2017 se pregunta: "¿Es posible jugar al ajedrez con alguien que, cuando quiere o necesita, cuando es de su conveniencia, usa las reglas, y cuando no, inventa las suyas propias? ¿Debe jugar ese juego el honesto? Es imposible jugar/ganar en esas condiciones. Que le brindan además al tramposo la magnífica chance de presentar su victoria como verdadera"… Es obvio que nadie en sus cabales jugaría al ajedrez con un psicópata que subvierte reglas, inventa las que le convienen y encima niega reconocer lo que obviamente hace. La pregunta, entonces, es por qué no vemos, o no queremos ver, que en la política mundial esto es pan de cada día… El psicópata suele ser el más encantador de los mentirosos. Sabe mentir mirando a los ojos y es capaz de llorar, bailar, cantar y encantar mimetizándose con los sentimientos de sus víctimas –personas a las que debería cuidar en lugar de dañar– para manipularlas. Y eso se debe al concentrado e irrefrenable egoísmo del psicópata, maestro en el arte de fingir generosidad. Por eso el psicópata es tan peligroso: porque jamás se exhibe como tal, siéndolo. La culpa no forma parte de su repertorio y es así como puede pasar del encanto a la violencia." Acordando con lo que dice Giardinelli, me permito hacer una acotación: reemplazaría psicópatas por canallas.

Ahora bien, el tiempo del capitalismo actual, se caracteriza por los modos de circulación de la mercancía y los modos en que además los procesos se fetichizan. "En el discurso neoliberal en el lugar del agente tenemos al objeto a que comanda el discurso, pero elevado al cenit del socielo, constituyéndose en la nueva brújula desorientadora del sujeto hipermoderno que lo invita al sin medida, a franquear todas las inhibiciones" plantea Miller en su escrito "Una fantasía"

Sería muy interesante cruzar las 2 cuestiones y establecer una posible vinculación entre la construcción de las hegemonías –tal como las lógicas de Laclau las propone– y una referencia al proceso histórico en el que se inscriben en el tiempo del capitalismo.

Con respecto al discurso, Laclau plantea que constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal. Es un conjunto de elementos en el cual las relaciones juegan un rol constitutivo.

Me resultó interesante lo que Laclau toma de Le Bon (en tanto se puede comparar con el discurso de Durán Barba, asesor de imagen de Mauricio Macri y su equipo):

Le Bon, como un verdadero nuevo Maquiavelo, aconseja a los políticos: "Una de las funciones más importantes de un estadista consiste entonces en bautizar con palabras tan fuertes que bastará designar con términos elegidos las cosas más odiosas para volverlas aceptables a las masas. Existe para Le Bon una clara conexión entre esta dialéctica de palabras, imágenes y "el surgimiento de ilusiones, que son el terreno propicio donde se constituye el discurso de la multitud: como ellas [las masas] deben tener a toda costa sus ilusiones que se vuelcan instintivamente a conceder lo que ellos quieren. Las masas nunca han tenido sed de verdad. Se alejan de los indicios que no les agradan, prefiriendo deificar el error si éste seduce".

Hegemonía y neoliberalismo

Alemán propone las siguientes objeciones: "Este proyecto emancipatorio se tropieza con un obstáculo, se la acusa inevitablemente de pretensión hegemónica".

Como contraparte, el poder neoliberal es una dominación que se disimula como consenso, utilizando la naturalización (–recuerde aquí el planteo de Le Bon que retoma Laclau–) de las exigencias a través de significantes agradables de malestares indisolubles. Se exige "felicidad" completa y universal (objetivo imposible de cumplir), el superyó que empuja a gozar al sujeto (privándose, eligiendo en contra de sí mismo, gozando del mandato de "renunciar", –ajustar para seguir ajustando–) por una promesa de felicidad, que nunca llega, produciéndole "depresión" –nombre actual del síntoma– que no es más que la impotencia de no poder cumplir estos objetivos impuestos. El neoliberalismo parte de la idea de constituir una totalidad que por estructura nunca se alcanza.

Continúa Alemán: "Siempre existirá una 'heterogeneidad' que impide que la representación se produzca como totalidad". Frente a estas diferencias, imposibles de cancelar, se articula el momento hegemónico. "Hacerse cargo de representar aquello que se sustrae a la representación nos muestra que lo político es el modo privilegiado en que la misma se constituye." En términos lacanianos la Hegemonía es una respuesta a lo Real imposible.

Otro modo de abordar estos conceptos es cuando Alemán nos propone su concepto de acto emancipatorio que lo define como un acontecimiento que se debe dividir en dos partes: el acto instituyente y la institución.

El acto instituyente (remarco el significante "acto") surge de modo imprevisto y contingente. La estructura de poder vigente no tiene recursos para anticiparlo previamente. Ese acontecimiento constituye una singularidad colectiva (Alemán la denomina soledad:común) y no solamente hace surgir algo que estaba latente, sino que efectivamente inventa un nuevo tiempo y un nuevo espacio y también hace emerger un nuevo tipo de sensibilidad. El momento instituyente es misterioso porque hace emerger una irrupción igualitaria y además se ha constituido en un antagonismo. Antagonismo, igualdad y contingencia son 3 modos en que se instaura un acto instituyente. Éste es acéfalo (puede ser que haya nombres propios que adquieran protagonismo) pero en efecto su espacio es indefinible, –quién perteneció a él o no, es imposible de determinar–, es un vacío que ha irrumpido en el saber establecido.

Por eso el acto instituyente tiene un desafío que es atravesar la permanencia, no puede perdurar en su condición de acto instituyente. Tiene que haber un momento en que una institución lo acoja. Y ahí empieza la fatalidad de lo político mismo y de la emancipación. ¿Cómo puede lograrse que una institución acoja un acto instituyente que fue contingente, imprevisible, un hecho de ruptura que la propia situación vigente no podía prever, igualitario y que tiene trazado claramente su antagonismo mientras que la institución requiere jerarquía, códigos jurídicos, leyes, etc.?

En definitiva ningún pasaje del acto instituyente a la institución puede hacerse sin que haya pérdidas. El desafío de atravesar la permanencia conlleva que la propia institución termine borrando las verdaderas aristas de la auténtica invención del acto instituyente.

Es necesario custodiar la irrupción de lo igualitario, sino la historia de la humanitario sería la historia de los campos de concentración o sea que el acto instituyente debe ser indagado porque produce un vacío, al cual no lo puede colmar ningún saber.

El acto instituyente constituye al sujeto, a la multitud y al pueblo y nunca son previos a él. Pero ¿hasta qué punto estos efectos ya instituidos perduran como tales? Actualmente el capitalismo se caracteriza por ser hiperconectado y no nos ofrece ninguna figura de desconexión, por eso surge el interrogante sobre la lucha de clases en el capitalismo actual y su mutación histórica, el neoliberalismo. Habrá que seguir interrogándonos ¿cuál fisura nos permitirá hacer permanecer el acto instituyente en el neoliberalismo?

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci (1891 – 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística.

Gramsci ubica que "el proceso de desarrollo histórico es una unidad en el tiempo, por lo cual el presente contiene todo el pasado, y en el presente se realiza del pasado todo lo que es "esencial", sin residuo "incognoscible" que sea la verdadera "esencia". Lo que se ha "perdido", o sea, lo que no se ha transmitido dialécticamente en el proceso histórico, era ya en sí mismo sin importancia, era "escoria" casual y contingente, crónica y no historia, episodio superficial omitible en último análisis."

Es necesario marcar la diferencia con la lectura lacaniana y de Jorge Alemán, en tanto el "residuo incognoscible", lo "perdido" es lo que no se puede simbolizar y pertenece al registro de lo Real. Al ser casual y contingente se constituye en un "acto instituyente".

Desde el contribución de Lacan este residuo es un resto que es indispensable para la constitución del sujeto, al que denomina objeto a. A través de la experiencia analítica deja de ser un resto para lograr transformarse en causa del deseo del Sujeto, mediante un acto, que metafóricamente Lacan lo denomina "En cruce del Rubicón". Con lo cual en el antes y después mantiene su vigencia.

Sujeto y Subjetividad

Ahora bien, no podemos dejar de mencionar la diferenciación que hace Jorge Alemán entre Sujeto y Subjetividad. Comencemos por la subjetividad: El construccionismo quiere decir que las subjetividades son el efecto de construcciones históricas contingentes. Son construcciones históricas que dependen de las distintas relaciones de poder y de fuerza. Todo aquello que surge como Subjetividad tiene como condición de posibilidad las relaciones de fuerza que estableció el Poder en el momento vigente.

El Neoliberalismo es una especie de flujo a–significante, es decir, no funciona más el significante que representa al Sujeto para otro significante, que no tiene además ningún elemento que lo regule, es decir, sin Nombre del Padre y que va tomando todos los confines de la vida hasta incluso proponerse –en términos de estructura, en términos de técnica– fabricar una especie distinta conectada todo el tiempo con todos esos flujos en donde evidentemente no es el orden simbólico el que los caracteriza, no es el orden simbólico que conocemos en la perspectiva de Lacan. De hecho, ese orden simbólico cada vez va progresivamente siendo sustituido por un orden contractual. Lo importante que tenía lo simbólico era lo que no decía. Esto no estaba en el orden simbólico, sin embargo el orden simbólico hacía funcionar una prescripción con respecto a eso. La subjetividad se constituye como el empresario de sí mismo. Es decir, un tipo de Subjetividad en donde la relación de esa Subjetividad consigo misma y con los otros, es concebida en términos de empresa, que el sujeto mismo se gestione como una empresa. Es una especie deSubjetividad en la que se entra en un dispositivo en donde cada vez hay que aumentar progresivamente su valor, hay que aumentar su capital humano, hay que rendir cada vez más, esto es algo que empieza desde muy temprano. A los niños ya se los evalúa en edades tempranísimas, pueden desde muy temprano no estar bien evaluado, no estar bien considerado en los diversos protocolos de evaluación que se abren a estas cuestiones de maximización de uno mismo, optimización de los recursos, gestión de la propia vida. En definitiva, se destruye lo simbólico como modo de constitución del sujeto y se lo formatea logrando subjetividades que son afines al poder.

Me interesa incluir aquí otro aporte de Gramsci en la temática que me atañe: "Cuando te quitan lo material y lo que eres, cuando has perdido todo, te conviertes en un marginado, en un excluido. Una de las grandes huellas no está en la palabra, sino en el modo de pronunciarla." (podríamos ubicar aquí, en términos de Lacan, la importancia de "la enunciación" en relación al "enunciado")…. "La única parte que te pueden quitar para dejar de ser tú es la memoria. Hay pueblos que no se reconocen a sí mismos, pero hay otros que tienen una memoria sensorial, pero no se reconocen en el espejo pero no por eso la ha perdido. Esa es la clave. Y a pesar de que han querido destruir nuestra memoria, nuestros antepasados, que han quemado nuestros escritos (lo simbólico), la memoria se conserva en lo que hablamos, oímos, de lo que olemos. Esa es la prueba de lo que somos y ahí está escrito.("serán las marcas de lalangue que nos constituyen como parletres? O ¿será el sujeto del deseo y no las subjetividades formateadas, que no permiten un límite a la propia destrucción dominada por la pulsión de muerte desenfrenada actualmente?")

Retomando la nueva Ley de Salud Mental, no sólo elimina el psicoanálisis como modo de acceso al Sujeto del deseo, sino que predominan las técnicas para realizar los diagnósticos y evaluaciones para corroborar si pueden ser insertados en el mercado de trabajo, como empresarios de sí mismos y si no es así se le pueden aplicar las TCC para que cumplan este objetivo, otro recurso más para el formateo de la subjetividad.

Por otro lado, está la constitución del Sujeto por el advenimiento de lalangue en su singularidad irreductible, en su existencia hablante, sexual y mortal; si el poder llega una décima de segundo antes (al decir de Alemán) que lalangue en la constitución del parlêtre, el crimen sería perfecto. A mi entender, este crimen perfecto se lograría en tanto la transmisión de lalangue ya estaría contaminada por el formateo del poder, o sea con el rechazo a la castración, a lo imposible y al amor; en ese sentido el Sujeto del deseo no podría abrir una brecha en el discurso neoliberal que permitiría una emancipación de la sujeción a dicho discurso, –con su universalización de aspiraciones imposibles de lograr y excluyendo toda singularidad y modos de gozar–, que provocan el predominio de la pulsión de muerte, con todas las consecuencias terroríficas que conocemos.

La pregunta que recorre el mundo y que me atañe –particularmente en los dos últimos años en Argentina: ¿por qué la gente vota en contra de sí misma? está muy relacionada con este dispositivo del cual es muy difícil sustraerse, porque es sustraerse de un mundo en donde hay una promesa muy importante, que es una promesa de realización, aumento de su valor, desarrollo de su propio capital, crecimiento y de desaparición de la alteridad, desaparición de todos los legados simbólicos, de desaparición de todas las herencias.

Es decir, esta ausencia de punto de capitón de la que hablábamos antes, nos va llevando a la idea de un presente absoluto y permanente, y a una desimbolización y una deshistorización radical, es decir una especie de contexto en el que se puede estar sin necesidad de ser interrogado ni por la historia ni por ningún legado ni por ningún tipo de causa que interrumpa ese movimiento circular que ejerce efectivamente una enorme atracción.

Sospecho que este es el motivo del intento de borrar toda memoria y simbólico que pueda implicar un retorno a otro modo de vida, donde no prime el superyó ni el sacrificio eterno, y en el cual se incluyan las diferencias, donde el Sujeto dividido en su singularidad tenga un lugar donde elegir su inserción en la sociedad, donde al prevalecer el Estado de Derecho en democracia, pueda circular la palabra y, por tanto, la experiencia psicoanalítica que conduce al Sujeto de deseo y no a la subjetividad impuesta. O sea, el discurso capitalista no es un discurso, es un dispositivo. Es un dispositivo que puede también no sólo da cuenta de la postverdad sino de la imposibilidad estructural que empieza a haber entre Neoliberalismo y la llamada Democracia. Porque la Democracia sí exige lo imposible, el lugar vacío, la posibilidad de que no todo sea representable, que no todo esté conectado. Pero en el neoliberalismo si aparece un punto en donde todo está conectado, nada es imposible, todo el tiempo hay un juego entre la falta y a la vez lo que la colma, se reúnen a la vez en el mismo golpe –dice Lacan– el carácter insaciable del Deseo con la satisfacción pulsional. Eso no puede tener como correlación un mundo democrático, porque el mundo democrático por definición exige lugares vacíos, imposibilidades, la imposibilidad de totalizar a la estructura.

Si está intervenido por las lógicas del Poder no hay ninguna posibilidad de articulación de lo político. Seguirán las políticas, que es otra cuestión, pero la articulación de lo político exige al Sujeto y no a la Subjetividad. Es decir, lo político puede existir como algo diferente de los dispositivos de Poder, si hay Sujeto–; si se hace sólo con las subjetividades, tarde o temprano lo político forma parte de los mismos dispositivos a los que supuestamente se quiere resistir.

En la lógica psicoanalítica la represión es la constitución misma del Sujeto (diferente radicalmente a la subjetividad), sin el juego de la represión y el retorno de lo reprimido no tendríamos ni inconsciente ni formaciones del inconsciente ni habría la posibilidad de pensar al Sujeto.

No olvidemos que la imposibilidad de la relación sexual se juega para todos. Y qué decisión van a tener que tomar con respecto a la función fálica y la división del Sujeto, se juega para todos.

El just do it, hazlo del neoliberalismo, si lo leemos freudianamente, es el Superyó, que para Lacan es ¡"Goza! Hay un empuje a haz lo que se te da la gana, o lo que quieras hacer lo vas a poder hacer. Esa es la voz, esa es una de las cualidades de la voracidad, de la glotonería del Superyó. Es decir el gran hallazgo subversivo de Freud es que el Superyó no impone la renuncia, sino que es la renuncia la que genera el Superyó. Es la renuncia al goce pulsional la que genera una conciencia moral, y esa instancia del Superyó pide más goce, pide más pulsión, pide más satisfacción, hasta tal punto que no se contenta nunca con nada.

Aquí vale agregar la posición de Freud, que acorde a la subjetividad de la época, el malestar de la cultura se refería a que era necesaria más represión para domeñar las pulsiones; a la inversa, el malestar en el neoliberalismo, ante la declinación del Nombre del Padre y el mandato del Superyó, se goza sin límites, sólo satisfechos por gadgets, objetos tecnológicos que ofrecen un goce de ver y darse a ver en pantalla, que sólo taponan la falta; evitando así el contacto de los cuerpos. Se verifica así uno de los rasgos del discurso capitalista que es la forclusión de la castración

Así que tanto la posverdad como lo que podría llamarse neofascismo neoliberal se podrían de algún modo anticipar en una lógica formulada por Lacan, corrigiendo nada más que una letra del discurso del amo en el discurso capitalista presentado en Milán en 1972.

Por todo lo dicho, manifiesto mi rechazo al decreto que modifica la ley de Salud Mental, a todo tipo de formateo de la subjetividad y encarar esta situación para buscar el resquicio por el cual el psicoanálisis pueda establecerse y rescatar al sujeto del deseo y su modalidad de gozar singular.

Sólo quisiera agregar, como comentario de último momento, dada la velocidad de las canalladas producidas, mi repudio a la represión, acallando las voces del rechazo popular y sus singularidades con las respectivas diferencias; y liberando genocidas, mientras se recuperan nietos. ¿Tendrá esto alguna incidencia como acto instituyente? ¿Habrá alguna institución que lo acoja y le permita mantenerse en el tiempo?

 
 
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